Impresiones recogidas de libros, música y personas que van dejando huella. El placer de la lectura, saber que una historia está allí para ser leída mil veces si es necesario, la magia de las palabras, la puerta a esas tierras desconocidas que representan los libros, una puerta que no se pierde y que siempre se puede abrir. Maria Paola. Twitter: @ferrer_mariapao
domingo, marzo 13, 2011
Silencio protagonista.
martes, marzo 08, 2011
Un paso tras otro...
Un paso tras otro III | |
De un tiempo a esta parte, era como si los sábados me obsesionaran. Los días discurrián entre un sinfín de actividades sin importancia, al menos así lo pensaba. Lo único realmente importante ocurría en mi cabeza y era el vaivén de pensamientos acerca de mi vida desde aquella primera conversación. Y entonces llegaba el sábado. Repasaba con detalle los títulos de mi cada vez mejor nutrida biblioteca, tal vez intentando hallar claves que me condujeran con un poco de luz a través de aquel laberinto de mi mente, dónde de pronto me estaba descubriendo, anhelando y esperando a que ocurriese un acto memorable, un estrepitoso y contundente cambio de vida, un giro inesperado.... un encuentro. Las polvorientas escaleras eran un lienzo para mis pasos, en ellas quedaban las marcas de mi inquieto descenso. Las puertas cerradas de cada piso me hacían imaginar que la vida sólo transcurría para mí, que allí no había gente respirando, el caracol en descenso semejaba un remolino en quietud del que acaso pudiera yo escapar si así lo decidía, pero no quería, no, mi empeño en caer dentro del vórtex era cada vez más fuerte que yo. Las oportunidades vienen en un sobre sellado, leí una vez, sin remitente ni lugar de procedencia, lo abres y eres presa del designio, lo dejas y eres presa de la duda, fué entonces cuando lo ví. Al pié de la escalera en el último peldaño un sobre ocre y sencillo, sumisamente se presentaba ante mí, deduje que no había sido abandonado al descuido, la mano que lo dejó en aquel lugar era gobernada por una cabeza que calculaba muy bien mis movimientos, ¿ o eran mis pensamientos?, la misma mano que formaba parte de aquel cuerpo cuyos pies dejaba huellas en el polvo que cubría el descanso como invitándome a seguirlas, como un prólogo inconcluso, de una historia cuya pluma ya estaban dejando en mis manos. Calle Carlos Pellegrini 1163, 3º 3 pm Eso era escuetamente lo que indicaba el papel que extraje del sobre. De repente el tiempo dejó de correr a mi favor y ya no era tiempo ni era nada. Dentro de toda aquella vorágine de preguntas que ni podía intentar hacerme coherentemente , una desición privaba, y ya estaba tomada, mucho antes de despertar, mucho antes de ducharme, vestirme, servir un desayuno que deseché entero, mucho antes de pasar desapercibida el hambre de la comida, esa desición ya estaba tomada. El sobre era una excusa, un medio en sí mismo. Una puerta obvia, demasiado obvia. Un grupo de señoras intercambiaban opiniones sobre el punto de cruz, o al menos eso me pareció escuchar. Las sacó de su interesante tertulia mi repentina aparición y mi nula cortesía al no responder al saludo que por compromiso me hicieron. Si ya estaban convencidas de mi locura, mi actitud no les dejaría duda alguna. Aquello me llevó directamente al momento en que una monja con cara de poca misericordia me había espetado: - Usted tiene la cortesía de una estatua, míreme cuando me dirijo a usted y quite esa cara de perdida que lleva todo el santo día. ¡Tiene la cabeza llena de cucarachas! Aceleré el paso , mandé a la monja al mismo recóndito lugar de dónde la había sacado sin querer y comencé mi recorrido. Media hora después me detuve ante el letrero que rezaba Calle Carlos Pellegrini, sentí ojos en mi espalda que me hicieron acelerar el paso hasta dar con el 1163, tiré el sobre a la basura, y fugazmente pensé que de todas formas ese iba a ser su destino. 3º..... Las puertas no se abren solas , a menos que alguien espere en la mirilla, ese parecía ser el caso. -Puntualidad, eso habla bien de usted, de su audacia no sé que decir, yo podría ser...peligroso ¿no cree? Me invitó a entrar, y el poco espacio de mi mente que quedaba libre al embrujo de aquella voz, pudo dar la orden a mis pies para que se movieran y así lo hicieron. - El peligro puede olerse, creo, sexto sentido me parece que le llaman , intuición , le dicen otros, corazonada, algunos más. Yo soy partidaria de confiar en el instinto, no siempre, claro, más de uno confió y no pudo contarla, pero viniendo de usted, el peligro... sería de otra índole, menos físico, dígamos. Por puro instinto, para no contradecir la sarta de idioteces que acababa de proferir me acerqué a una poltrona china que lucía bastante cómoda y me dejé caer despacio. El lugar ofrecía a la vista un desorden controlado, muchas cosas fuera de lugar, pero pocas que fueran poco útiles, aquello tal vez me hablaba de la practicidad del habitante de aquel reducido universo. Sin embargo deduje que carecía de tiempo suficiente para cuidar seres vivientes a juzgar porque las únicas plantas que adornaban una pequeña repisa cercana a la ventana que daba a la calle , eran unos cactus que con todo y su extraordinaria capacidad para sobrevivir sin agua largos períodos, parecían suplicar el vital líquido. -Estaría bien si de vez en cuando se acordara de poner agua a sus plantas, el que sean especies xerófilas no significa que puedan permanecer sin agua mientras usted lo recuerda cada año. - Me mordí la lengua, pésimo comentario para romper el hielo, sin embargo noté que no se molestó, al contrario una contracción de los músculos de su rostro , o eso creí percibir, me pareció dar a entender que le hacía gracia mi comentario. -Se han acostumbrado , créame, como todos, terminamos por acostumbrarnos a padecer, a carecer, a restarle importancia a las cosas, lugares o personas que alguna vez tuvimos. Contrario a olvidarnos de las sensaciones o reacciones que pudimos tener hacia esas personas, lugares o cosas, éstas se exacerban una vez que volvemos a sentirlas ....o a tenerlas. Durante ese instante deseé con todas mis fuerzas que alguien gritara en la calle, o que una bocina sonara, pero que no se escucharan en todo aquel recinto los latidos que retumbaban en mis sienes, ni nada que delatara que si esos cactus estaban sedientos, no podían estar más secos que mi boca y mi garganta en aquel momento. -¿Por qué viniste?. - Preguntó sin más. Noté que era la primera vez que me tuteaba desde que hablamos, supuse que eso significaría algo, pero cubrí el pensamiento con la manta con la que solemos ocultar la suspicacia cuando nos hace daño saberlo todo. Se sentó en una butaca que parecía estar esperándolo, como abriéndole los brazos para recibirlo gustosa, desde ella tenía vista a la ventana que daba a la calle, lo imaginé cada noche en ella, leyendo o simplemente pensando. El solo hecho de verlo sentado en la butaca, me habló se sus soledades , de sus inquietudes e incertidumbres, me habló de sus dudas , de sus trampas y excusas, lo conocí en un segundo, justo el segundo necesario para responder a su interrogante. - Vine por la misma razón por la que usted fué a dejar ese sobre en el último peldaño de esa escalera, lo dejó ahí para que fuera el principio o el fin de algo. Pude ignorarlo y no lo hice, pude tirarlo a la basura , pude arrugarlo, quemarlo , destrozarlo y sin embargo mire dónde me trajo. Y no sé porqué. -Estamos a mano, yo tampoco sé porqué. Mcbo, 13/10/2005 | |