jueves, abril 23, 2015

Siempre...

Yo siempre voy a quererte, y siempre voy a querer decírtelo, porque me enamoré de ti cuando nuestros zapatos se llenaban de tierra, cuando corríamos juntos y hablábamos de las estrellas, cuando nos hicimos un código de risas y bromas que solo nosotros entendíamos, cuando me refugiaba en tus ojos y me deslizaba por tus pestañas.

Aunque otra gente haya venido, y estén en tu vida, yo siempre voy a estar, siempre vendré a ti, y me recordarás, llenaré los espacios que otras no van a llenar, mi voz sonará diferente, mi mirada aparecerá y desaparecerá de la nada.  Querrás huir y no hablar de lo que sientes, querrás acallar los sentimientos, y racionalizar los pensamientos que te hacen venir a mi, y finalmente no podrás porque yo siempre voy a quererte.

jueves, abril 02, 2015

Semana santa...

Todas las semanas santas desde aquella traen un recuerdo doloroso, todas me parecen demasiado calurosas, demasiado densas, el aire es pesado e irrespirable.  Tu te habías ido, yo era una magdalena, siempre he llorado por ti, lo sabes.  Si tienes un sinónimo en mi vida ese sinónimo sería llanto.  Lo peor era escuchar maná en la madrugada, sabiéndote lejos, me hacía un ovillo en la cama, Fer decía aquello de Cómo dueles en los labios, como duele estar muriendo así...soledad...

¡Coño Fer cállate!

Después venía Cristian Castro a decirme que nuestro Amor como el cielo. Se fue poniendo negro amor...como siento haber perdido tu calor. Sentía que esta gente tenía un cable de datos pegado a mi cerebro y que se robaban todos mis pensamientos...

Mientras tanto afuera, en el mundo, unos iban a misa a intentar lavarse las consciencias, otros a la playa a perderse entre un tumulto de gente muy poco penitente.  Ninguna de las dos opciones me atraía... entonces viajaba, viajaba contigo a un ático con luz tenue donde nos arrellanáramos en un sofá mullido viendo una película de esas de amores imposibles, o contándonos historias , a lo mejor verte dormir mientras yo me paseaba dentro de las hojas amarillentas de un libro...  viajaba a tu lado en un carro, con la voz de David Summers diciéndome que no hago otra cosa que pensar en ti, solo vivo y respiro para ti... Viajaba en un avión contigo en la ventana, hacia un destino desconocido y frío, siempre frío, con tu mano cálida sosteniendo la mía en el despegue y el aterrizaje, pendiente de mis rodillas que tiemblan siempre y me  hacen sentir muy tonta. 

Viajaba a una cabaña de luz azul, con los ruidos necesarios, con poca o ninguna persona cerca, un lugar perdido y solitario, e intentar medir el tiempo en besos, llenar las horas con tu risa, observar que tan plano podía ser tu pecho o que tan hundido es el huequito de tu barbilla, descubrirte una cicatriz, soplar en tu frente, besarte las pestañas...

Viajaba, siempre viajaba.

martes, marzo 31, 2015

Valle de espanto.

En esta ciudad todos caminamos con un hueco en la cabeza, o en el pecho, otros van con la mandíbula volada, o con el ojo vacío.  Depende de donde te de la bala, todos estamos muertos.  Todos tenemos una historia siniestra, un cementerio común, un verde valle que nos maravilla y nos aterroriza por igual.  Transitamos por sus autopistas como parásitos sanguíneos que por momentos de febril paroxismo nos acumulamos en tal concentración que nos asfixiamos los unos a los otros.  Algo esta reventando siempre, la sangre fluye, en unos días mas que en otros. Caracas es caníbal y voraz, da miedo pensar que aún habiendo nacido en otra ciudad de costumbres menos elegantes y en la que nada maravilla porque las vistas son mustias y arenosas, la vegetación acaso alcanza un metro del suelo, hallamos venido a parar en este valle de lágrimas y gritos sordos de horror. 
 
Supone un suplicio y un suicidio embarcarse en el día a día de está desvencijada y otrora vivaz ciudad con olor a metal.  La dejo y la extraño, regreso y me horrorizo.  Me maravilla lo que me muestra, me asusta lo que esconde.  Lo que nos depreda y nos hipnotiza. 

martes, marzo 17, 2015

Para el 448

Indefensa me paseo por mis miserias, y por las tuyas, increíble lo que ha pasado, lo que el tiempo trajo, en lo que hemos devenido. Aún estamos aquí, podemos decir que somos uno para el otro un recuerdo viviente y palpable, puedo verte, puedes verme. Tocarte es doloroso, arde.  El miedo me amarra las manos, me seca la boca.  Chemise a rayas azules y rojas, cuello blanco, un banco en un parque, ruido y mucho calor, una pregunta, una respuesta. Todas las dudas del mundo en mi cabeza, suponías un desafío y el inicio de toda una vida de anhelos y recuerdos.  ¿Cuándo vas a irte?  ¿Cuándo voy a dejar de orbitarte? 

Mi voz es hueca si pronuncio tu nombre, no encajas en mi realidad, hay demasiados muros separándonos, demasiada niebla para verte al otro lado de este puerto adormecido, del que nunca he podido salir. 

lunes, enero 26, 2015

Eres y no eres.

Secretamente siento que hay algo que nos enlaza, que nos mantiene al uno pendiente de la mirada del otro, que tu ves , que yo veo.  Si me preguntan porqué te espero digo que no lo sé, más por dentro la respuesta es esta necia necesidad de tenerte cerca, de transformar el tiempo, de verte y escucharte.  Secretamente el destino me arrojó en tu camino, me dejó ahí para que me hiciera un ovillo de dolor cuando te fueras, para que me hinchara de felicidad cuando te viera llegar.  Eres y no eres, estás y desapareces, me derrumbas los castillos, me haces sangrar. 

miércoles, enero 07, 2015

A veces...

A veces siente que no puede con tanto, que es mejor estar dormida, que es mejor no pensar y que no se le desboquen las emociones, a veces piensa que dónde aprendería a sentir así, que porqué no la enseñaron a amarrarse los sentimientos, a que le aborreciera llorar.  Un equipaje muy pesado la acompaña, y el tren nunca llega, pasan las horas y ella espera en el andén, alguna vez, si acaso, algún día llegara ese tren.

jueves, enero 01, 2015

Crónica de un día que se hizo esperar 18 años...

Minutos previos a la salida me encomendé al cielo, no a dios alguno, al cielo, a las estrellas a cualquier ser alado que pudiera ser testigo de la vorágine de sentimientos que me azotaban el alma, que me aceleraban el corazón. Me ví por última vez al espejo y pensé que estaba por escribirse una de esas páginas que te aceleran la lectura de una buena novela, uno de esos giros inesperados que tanto nos gustan a los buenos lectores, cuando pareciera que un capricho del escritor lo voltea todo, pero de buena manera, que introduce un elemento que te hará emocionar hasta las lágrimas, que te hará besar una página o releerla 20 veces, yo estaba caminando derecha sobre renglones torcidos, así como dicen los creyentes que escribe Dios.  Cerré la puerta y salí.
El mismo agenció mi traslado, no es fácil conseguir taxis en esta ciudad, solventado el pequeño tema de logística me embarqué hacia el lugar elegido para el encuentro, A esa hora ya mi corazón se había mudado a mi garganta y el palpitar hacia eco en mis sienes, respiré dos veces profundamente, pero inmediatamente paré por miedo a hiperventilar... la luna se asomaba por la ventana, me enviaba un mensaje silente: Tranquila, todo irá bien.  Cuando descendí del primer vehículo podía estar en cualquier lugar , podía estar en la tierra o en júpiter, daba igual, lo que me rodeaba no significaba nada, la gente carecía de rostro, perdí del todo el contacto con la realidad, el único norte estaba cerca, rodeando una calle para ir en mi encuentro, recorriendo los últimos metros para aparecer ante mí, quise ser de plomo para evitar elevarme, a lo mejor volaba por sobre mi cabeza sin darme cuenta, o por lo menos en las alturas era donde me sentía, cerré los ojos, respiré, inútilmente me llené de valor... ví las luces antes de cruzar la esquina, una última bocanada de aire...las estrellas se habían alineado.
   Imagino que así se siente abrir la puerta hacia otro universo, entrar en un espacio conocido y desconocido por igual, escuchar una voz añorada, ver unos ojos familiares, decir frases manidas, intentar ser normal.  El pasado había vuelto, para alguien que añora todo lo que ya no está era increíble estar allí, el pasado estaba a escasos treinta centímetros de mí, respiraba el mismo aire que yo, me miraba sorprendido o eso me pareció, me escudriñaba los ojos como intentando reconocerme y asimilar que en realidad yo era la que ocupaba el asiento a su lado.

¿Qué cara tenía yo? ¿Le pareció que había cambiado? ¿Se me notaría mucho el temblor en los labios? ¿Y esta boca seca? Ni toda el agua del mundo me podría quitar esta sensación de arena en la lengua, Lo miré varias veces, estaba igual, sin duda, los años no pasan en vano, pero podría ser el mismo que dejé de ver una tarde hace tantísimos años cuando dejamos de caminar en la misma dirección. Dejé que me invadiera la sensación de estar en el mejor lugar del mundo, dejé de sentir el pulso en las sienes, mi corazón bajó lentamente de mi garganta y se colocó de nuevo en el pecho, mantuve las manos quietas, respire tranquila y un olor delicioso se adueñó de mi aire.

Continúa...

Crónica de un día que se hizo esperar 18 años...

Yo decreté ese día, lo llevaba en mis genes, apareció en mis sueños un millón de veces, se cumplió aquello de que si deseas algo con todo el corazón el universo confabula a tu favor y hace que pase, se alinearon las estrellas y el destino nos dió luz verde.  Yo decreté ese día.

Un susto conocido y a la vez extraño teñía mis pensamientos, un temblorcito en las manos, hizo que se me resbalara un vaso de agua dos veces, un súbito carraspeo se hizo continuado y molesto.  Me miré cien veces en el espejo, me miré toda,  Me desaprobé todas las veces, mi cuerpo no era lo que fué, me aterraba, siempre tuve problemas para aceptarme, y para sentirme aceptada, tuve que luchar con las ganas de no ir, porque en el fondo sabía que de lo único que me iba a arrepentir era de no hacerlo, y porque aquel temor interno era a la vez un motor que me empujaba hacia adelante.  Las horas se dieron postín, pasaron lentas y sin prisa, tuve paciencia, no había un mejor motivo para soportar aquello que el hecho de que íbamos a vernos, por primera vez en 18 años.  18 años son una vida, en 18 años se olvidan muchas cosas, nace y se muere gente, se producen cambios, 18 años pueden ser una tumba para muchos sentimientos, no para los míos y de eso siempre he estado plenamente segura, 18 años pueden ser eternos. En las horas previas medité, repasé cosas de las que me gustaría hablar, intenté monologar para escucharme el tono de voz, para no atropellar las palabras, y hablar a una velocidad entendible, intente controlar el movimiento de las manos, ¡no abras tanto los ojos! ¡no arrugues la nariz! ¡deja quieta la frente! Inútil, era una sinfonía de gestos, hablaba a 200 revoluciones por minuto, mi cara era una completa mueca y a lo mejor le podía sacar un ojo si lo tenía muy cerca al gesticular.... Inútil, completamente inútil.

Mientras tomaba una ducha fuí armando un rompecabezas de momentos que ya había vivido, muchos de esos recuerdos me fueron dados en infinidad de charlas que habíamos tenido recientemente, El lo recordaba todo, con la nitidez de una fotografía, yo casi nada y lo que sí recordaba, no estaba tan organizado, lo mio era un collage de momentos, fragmentos de conversaciones, de caricias, de peleas...y los besos. ¿Puedes cerrar la boca? Siempre que pienso en los besos aparece como una pantalla gigante delante de mi, con dos bocas en zoom y no puedo cerrar la boca, sencillamente no puedo.

Ahora tocaba arreglarme, ¿qué ponerme? bueno eso no fué gran complicación, elegí un sweter verde esmeralda con unos dibujitos mas claros en el frente, manga larga como casi toda mi ropa debido al clima donde vivo y un jean negro pizarra algo ajustado para mi gusto, zapatos negros bajitos...Oh Dios, el es tan alto,,, ni modo.  Ahora a maquillarme, a ese punto faltaba una hora antes de la hora elegida, debía ser breve, por fortuna tengo algo de conocimiento en esas lides, no me fué difícil encontrar un estilo no recargado, más bien natural y que resaltara mis facciones, que pudiera reconocerme,,, Oye que tampoco has cambiado tanto, unas arruguitas de más, el surco nasogeniano un poco más marcado... nada del otro mundo, iba a verme a mi con 18 años más, eso era todo. Mi alma se vistió de 17 años, de cuando salía a buscarlo y antes de abrazarlo me encontraba con sus ojos, con su sonrisa fácil y cálida, con sus manos suaves y bonitas, cuando no habían dragones en el camino, ni muros, ni calabozos para los sentimientos... con eso me vestí el alma, el miedo se replegó ante la promesa y la esperanza, por un momento sentí que volvía a la vida, que la luna me elegía a mi para contar su relato nocturno y susurrarlo después, solo ella podía oirlo y entenderlo, la luna iba a ser testigo, me acompañaba silenciosa y sonriente.

35 minutos antes de la hora, ya el estómago era una jaula de mariposas, un par de llamadas previas solo habían conseguido alterarme más, o sea, esto va, de todas todas, va... y va saliendo de maravilla,
una excusa bien urdida habían calado en el resto de seres que compartían mi reducido espacio, nadie posaba sus ojos en mi, nadie sabía que detrás de mi aplomo bien conseguido se escondía un remolino de sentimientos... el carraspeo se exacerbó , era muy muy molesto, en una llamada previa le solicité un halls, o eso creo recordar. Contestó afirmativamente, tendría mi halls, eso me alivió un poco.

12 minutos antes... perfume.  Por alguna razón que ahora conozco, había adquirido recientemente, el "perfume del último año"  así lo llamé, aunque posiblemente ahora pase a llamarlo "perfume del reencuentro".  Los olores, al igual que las canciones siempre han sido para mi potentes máquinas del tiempo; reconocer un olor y asociarlo a un momento de la vida es inefable, me pasa igual con las canciones, escucharlas y recordar donde y con quién estabas, y que cosas se te pasaban por la cabeza en esa época es algo que nunca me ha fallado, y aquel perfume posaba ante mi todos los momentos agridulces del último año, las últimas salidas,  el miedo a la pérdida, el dolor por la lejanía, las lagrimas que me lavaban la cara cuando lo adivinaba en otros brazos, cuando comprendía que mis labios no eran más los únicos que lo besaban, que mis manos ya no le hacían estremecer, que a lo mejor otros ojos eran ahora el espejo donde veía los suyos.

Continúa...