jueves, enero 01, 2015

Crónica de un día que se hizo esperar 18 años...

Minutos previos a la salida me encomendé al cielo, no a dios alguno, al cielo, a las estrellas a cualquier ser alado que pudiera ser testigo de la vorágine de sentimientos que me azotaban el alma, que me aceleraban el corazón. Me ví por última vez al espejo y pensé que estaba por escribirse una de esas páginas que te aceleran la lectura de una buena novela, uno de esos giros inesperados que tanto nos gustan a los buenos lectores, cuando pareciera que un capricho del escritor lo voltea todo, pero de buena manera, que introduce un elemento que te hará emocionar hasta las lágrimas, que te hará besar una página o releerla 20 veces, yo estaba caminando derecha sobre renglones torcidos, así como dicen los creyentes que escribe Dios.  Cerré la puerta y salí.
El mismo agenció mi traslado, no es fácil conseguir taxis en esta ciudad, solventado el pequeño tema de logística me embarqué hacia el lugar elegido para el encuentro, A esa hora ya mi corazón se había mudado a mi garganta y el palpitar hacia eco en mis sienes, respiré dos veces profundamente, pero inmediatamente paré por miedo a hiperventilar... la luna se asomaba por la ventana, me enviaba un mensaje silente: Tranquila, todo irá bien.  Cuando descendí del primer vehículo podía estar en cualquier lugar , podía estar en la tierra o en júpiter, daba igual, lo que me rodeaba no significaba nada, la gente carecía de rostro, perdí del todo el contacto con la realidad, el único norte estaba cerca, rodeando una calle para ir en mi encuentro, recorriendo los últimos metros para aparecer ante mí, quise ser de plomo para evitar elevarme, a lo mejor volaba por sobre mi cabeza sin darme cuenta, o por lo menos en las alturas era donde me sentía, cerré los ojos, respiré, inútilmente me llené de valor... ví las luces antes de cruzar la esquina, una última bocanada de aire...las estrellas se habían alineado.
   Imagino que así se siente abrir la puerta hacia otro universo, entrar en un espacio conocido y desconocido por igual, escuchar una voz añorada, ver unos ojos familiares, decir frases manidas, intentar ser normal.  El pasado había vuelto, para alguien que añora todo lo que ya no está era increíble estar allí, el pasado estaba a escasos treinta centímetros de mí, respiraba el mismo aire que yo, me miraba sorprendido o eso me pareció, me escudriñaba los ojos como intentando reconocerme y asimilar que en realidad yo era la que ocupaba el asiento a su lado.

¿Qué cara tenía yo? ¿Le pareció que había cambiado? ¿Se me notaría mucho el temblor en los labios? ¿Y esta boca seca? Ni toda el agua del mundo me podría quitar esta sensación de arena en la lengua, Lo miré varias veces, estaba igual, sin duda, los años no pasan en vano, pero podría ser el mismo que dejé de ver una tarde hace tantísimos años cuando dejamos de caminar en la misma dirección. Dejé que me invadiera la sensación de estar en el mejor lugar del mundo, dejé de sentir el pulso en las sienes, mi corazón bajó lentamente de mi garganta y se colocó de nuevo en el pecho, mantuve las manos quietas, respire tranquila y un olor delicioso se adueñó de mi aire.

Continúa...

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