Yo siempre voy a quererte, y siempre voy a querer decírtelo, porque me enamoré de ti cuando nuestros zapatos se llenaban de tierra, cuando corríamos juntos y hablábamos de las estrellas, cuando nos hicimos un código de risas y bromas que solo nosotros entendíamos, cuando me refugiaba en tus ojos y me deslizaba por tus pestañas.
Aunque otra gente haya venido, y estén en tu vida, yo siempre voy a estar, siempre vendré a ti, y me recordarás, llenaré los espacios que otras no van a llenar, mi voz sonará diferente, mi mirada aparecerá y desaparecerá de la nada. Querrás huir y no hablar de lo que sientes, querrás acallar los sentimientos, y racionalizar los pensamientos que te hacen venir a mi, y finalmente no podrás porque yo siempre voy a quererte.
Impresiones recogidas de libros, música y personas que van dejando huella. El placer de la lectura, saber que una historia está allí para ser leída mil veces si es necesario, la magia de las palabras, la puerta a esas tierras desconocidas que representan los libros, una puerta que no se pierde y que siempre se puede abrir. Maria Paola. Twitter: @ferrer_mariapao
jueves, abril 23, 2015
jueves, abril 02, 2015
Semana santa...
Todas las semanas santas desde aquella traen un recuerdo doloroso, todas me parecen demasiado calurosas, demasiado densas, el aire es pesado e irrespirable. Tu te habías ido, yo era una magdalena, siempre he llorado por ti, lo sabes. Si tienes un sinónimo en mi vida ese sinónimo sería llanto. Lo peor era escuchar maná en la madrugada, sabiéndote lejos, me hacía un ovillo en la cama, Fer decía aquello de Cómo dueles en los labios, como duele estar muriendo así...soledad...
¡Coño Fer cállate!
Después venía Cristian Castro a decirme que nuestro Amor como el cielo. Se fue poniendo negro amor...como siento haber perdido tu calor. Sentía que esta gente tenía un cable de datos pegado a mi cerebro y que se robaban todos mis pensamientos...
Mientras tanto afuera, en el mundo, unos iban a misa a intentar lavarse las consciencias, otros a la playa a perderse entre un tumulto de gente muy poco penitente. Ninguna de las dos opciones me atraía... entonces viajaba, viajaba contigo a un ático con luz tenue donde nos arrellanáramos en un sofá mullido viendo una película de esas de amores imposibles, o contándonos historias , a lo mejor verte dormir mientras yo me paseaba dentro de las hojas amarillentas de un libro... viajaba a tu lado en un carro, con la voz de David Summers diciéndome que no hago otra cosa que pensar en ti, solo vivo y respiro para ti... Viajaba en un avión contigo en la ventana, hacia un destino desconocido y frío, siempre frío, con tu mano cálida sosteniendo la mía en el despegue y el aterrizaje, pendiente de mis rodillas que tiemblan siempre y me hacen sentir muy tonta.
Viajaba a una cabaña de luz azul, con los ruidos necesarios, con poca o ninguna persona cerca, un lugar perdido y solitario, e intentar medir el tiempo en besos, llenar las horas con tu risa, observar que tan plano podía ser tu pecho o que tan hundido es el huequito de tu barbilla, descubrirte una cicatriz, soplar en tu frente, besarte las pestañas...
Viajaba, siempre viajaba.
¡Coño Fer cállate!
Después venía Cristian Castro a decirme que nuestro Amor como el cielo. Se fue poniendo negro amor...como siento haber perdido tu calor. Sentía que esta gente tenía un cable de datos pegado a mi cerebro y que se robaban todos mis pensamientos...
Mientras tanto afuera, en el mundo, unos iban a misa a intentar lavarse las consciencias, otros a la playa a perderse entre un tumulto de gente muy poco penitente. Ninguna de las dos opciones me atraía... entonces viajaba, viajaba contigo a un ático con luz tenue donde nos arrellanáramos en un sofá mullido viendo una película de esas de amores imposibles, o contándonos historias , a lo mejor verte dormir mientras yo me paseaba dentro de las hojas amarillentas de un libro... viajaba a tu lado en un carro, con la voz de David Summers diciéndome que no hago otra cosa que pensar en ti, solo vivo y respiro para ti... Viajaba en un avión contigo en la ventana, hacia un destino desconocido y frío, siempre frío, con tu mano cálida sosteniendo la mía en el despegue y el aterrizaje, pendiente de mis rodillas que tiemblan siempre y me hacen sentir muy tonta.
Viajaba a una cabaña de luz azul, con los ruidos necesarios, con poca o ninguna persona cerca, un lugar perdido y solitario, e intentar medir el tiempo en besos, llenar las horas con tu risa, observar que tan plano podía ser tu pecho o que tan hundido es el huequito de tu barbilla, descubrirte una cicatriz, soplar en tu frente, besarte las pestañas...
Viajaba, siempre viajaba.
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