Paseándome medio ida entre los estantes de una librería, mirando aquí y allá sin ver realmente, me tropecé con las palabras de un hombre que sentado arreglaba unos libros. Sin mirarme, se dirigió a mí.
-Buenas tardes, usted es la que busca libros y los escoge según la portada ¿ no?, si le gusta la portada ojea el libro, luego mira el autor, lo voltea, lee el argumento , vuelve a mirar la portada y si le gusta lo lleva a la caja...
-¿Perdón?
-Viene aquí cada sábado después de las dos, la he visto...siempre.
No cabía en mí de asombro, era una de esos momentos que no parecen reales, la gente no se dirige así a uno, no en estos días, que somos cada vez más extraños, para los demás y para nosotros mismos , tanto así que nos descubrimos hurgando entre rendijas internas para saber quiénes somos realmente.
No le contesté.
- Le gustan los libros cuyo título mencionen la palabra " mujer", como éste - y sacó un libro dónde se leía "Mujeres que corren con los lobos" -. Además la portada es encantadora es de la pintura Dos mujeres corriendo en la playa, de Picasso, supongo que eso también la inspira- devolvió el libro al estante.
En ese momento no estaba en la librería, estaba perdida divagando en mi mente acerca de aquel individuo y su manera de increparme, no sólo de la manera, si no acerca de qué. Si algo sabía yo es que nadie conocía mis gustos acerca de libros o de maneras de escogerlos, si por autor, tema, portada o lo que fuera....hasta ahora.
-Se fija usted bastante - dije pausadamente- ¿Le pagan por observar a los clientes?, con tanto detalle y precisión, además.
- Tal vez, si trabajara aquí, me pagarían, pero no es así, yo también vengo de paso, sólo que me gusta hacer revisiones de lo que hay, las publicaciones, las ediciones, los temas,... el dueño me conoce e incluso me deja ordenar los libros, estos muchachos que emplean por aquí no son muy duchos , no creo que pasen de leer la guía del ocio.
-Entiendo, sin embargo es bastante curioso que sepa cuando he venido, la hora y lo que he comprado, no sé, no mucha gente se fija en eso, yo ni siquiera puedo decirle si la persona que está en la caja ahora , ha sido la que siempre ha facturado lo que compro,... ya ve lo poco que me fijo.
-Vivimos desconectados de lo que nos rodea, la gente no está plenamente presente, fíjese en eso, estamos en la cola del banco pensando en el último orgasmo que sentimos que era fingido de nuestra pareja, nos decepcionamos, un segundo después pasamos a pensar en el amigo que nos debe y que no vemos hace tres meses, avanzamos en la cola, como autómatas, luego miramos a una mujer que hace un depósito y cuyo culo nos recuerda a la novia que tuvimos a los 23, ¿Qué será de ella?, y así, errantes , absortos y nunca plenamente presentes, nunca.
-Puedo entender que usted ha estado "plenamente presente" cuando yo he venido a escoger libros, tan plenamente presente que sabe lo que compro y cómo lo escojo, tanto así que deja de preguntarse por la novia de los 23, del "amigo" prófugo y de la decepción del orgasmo fingido, muy interesante, señor.
Alcanzó otro libro del estante contiguo y me lo mostró.
- "Una mujer difícil"... ¿Lo ve? , otra vez la palabra, " mujer", en la portada una bella imagen de una mujer, en blanco y negro, difuminada, ella es etérea, no alcanzamos a ver su cara, eso le da un toque de añoranza, como si quisieramos descubrirla, más que su rostro , en muchas otras formas. La imagen cobra nitidez en su mano, sosteniendo el cigarrillo, como si fuera lo único terrenal ahí, como si estuviera fumando eternamente....Irving, muy bueno y satírico, ¿Le gustó el libro?- Me preguntó con gesto de que ya sabía la respuesta. Colocó el libro en el mismo lugar de dónde lo había tomado-. Ya embrujará a otro- dijo y me miró largamente-.
-A veces no busco libros, busco personas- noté su incertidumbre, pero sabía que me entendía-. Verá, cuando hablo con alguien que de algún modo me interesa...
- ¿La persona dice?- interrumpió-.
-Si, la persona, cuando menciona algún libro reiteradamente que le haya marcado, digamos, yo busco el libro y lo leo, es una forma de adentrarme en esa persona, el libro me muestra...su alma- ésto último lo dije casi con vergüenza, no estaba acostumbrada a plasmarme tan crudamente ante un desconocido.
-Su alma..., la entiendo, pero podríamos tener infinidad de "almas" según eso, creo que...
-Pero sólo una esencia, y esa prevalece- lo interrumpí-. ¿Ya Leyó Aforismos de madrugada?, trata de una loca, bueno , eso creemos...hasta el final. -Le entregué el libro y lo tomó rozándome los dedos casi imperceptiblemente.
-Lo leeré, ... una esencia, una sola...
Nos despedimos, sin certeza alguna de regresar, no supe si estaba leyendo o soñando, no supe si entraba o salía de la ensoñación, sólo supe que estuve plenamente presente.
María Paola.
Impresiones recogidas de libros, música y personas que van dejando huella. El placer de la lectura, saber que una historia está allí para ser leída mil veces si es necesario, la magia de las palabras, la puerta a esas tierras desconocidas que representan los libros, una puerta que no se pierde y que siempre se puede abrir. Maria Paola. Twitter: @ferrer_mariapao
jueves, octubre 06, 2005
Casualidad que no es casual... II
Muchas veces no somos conscientes de los pasos que damos o a dónde van a llevarnos. Pero existe una conexión sublime entre razonamiento y visceralidad que nos indica , de forma inequívoca , la mayoría de las veces, que lo que buscamos va a llenarnos plenamente...para bien o para mal.
Atendiendo a una necesidad , más que a un capricho, volví a buscarlo ese día. Ya no podía parecer normal ni distraída, ni posar la mirada sin ver . Mis ojos iban buscando su figura, mis pasos certeros me guiaban. Supuse que estaría esperándome. Y supuse mal. Debí saber que no sería tan predecible. Nunca lo era, pero eso lo supe después.
Vagué sin sentido , con la carga más pesada que se puede llevar cuando se pierden las expectativas de repente, vestida de frustración , hojeé un libro, cuya portada no me gustó, cuyo autor no me dijo nada y cuyo argumento no me convenció. Volví a mirar la portada y pensé que era de pésimo gusto, eran flores, nunca me gustaron las portadas con flores. Ah, sí, me gustó una, pero era una y era especial, en El nombre de la Rosa, una flor de un rojo indecible y con un laberinto dibujado en medio se abría a los ojos como aquella chica temerosa y salvaje que abría su alma y su cuerpo ante un Adso de Melk incrédulo y embelesado por la belleza en estado puro e indómito y por aquellos placeres sublimes del amor recién descubierto. Esa flor me gustó.
Entonces caí en cuenta, ¿Cuántas veces me habrá observado? , siempre el mismo ritual, mirar la portada, leer el título, el autor, leer el argumento, una vez más la portada y si pasaba la prueba ya era mío. ¿Cuántas veces y desde cuándo estuve yo presente para él, y él no para mí?.
Iba a sucumbir ante la tentación de seguir mirando más y más libros cuando un deseo irreprimible de abandonar aquel lugar me invadió. Y no lo pospuse.
La calle se abría frente a mí, como ofreciéndome muchas direcciones, me detuve un momento, miré mi reloj y comprobé asombrada que sólo habían pasado quince minutos desde mi entrada al lugar, las cavilaciones, y la sensación de frustración parecieron disminuir. Tal vez por pensar que lo mismo un retraso de unos minutos no iba a significar un encuentro fallido con aquel individuo. Un minuto después me dí por vencida y emprendí un retorno sin rumbo definido, el eco de mis pasos cargados de desilusión se interrumpió de repente por una voz cercana....tal vez demasiado.
- Apenas he dormido, ¿sabe?, demasiados Aforismos...de madrugada, intento convencerme de que la loca es ella, pero no estoy seguro, creo que usted tuvo la misma duda cuando lo leyó, ¿Verdad?
De repente sentí como que un hilo muy fino de aire se escapaba de mis pulmones, que nada quedaba ya en ellos, y que aquella voz terminaría por llevarse cualquier resquicio de autocontrol que yo poseyera en ese momento. Por fortuna mis reservas eran amplias.
-!Vaya¡ ,si es usted , ¿también va a seguirme fuera de la librería?.
Maniáticas, eso éramos las mujeres, una panda de maniáticas, que aún cuando ya habíamos sopesado todas las posibles faltas o errores de un encuentro con algún hombre que mínimamente ( otra gran hipocresía) nos atrajera, aún así , con el agua al cuello, echaríamos mano de cualquier recurso manido para parecer controladas y dueñas de la situación.
- Fíjese ni se me había ocurrido encontrármelo por aquí.
En ese momento una paloma despegó del respaldo de un banco cercano, tal vez se iría pensando que su cuota de chistes malos del día estaba más que completa con mi pésima actuación.
-¿Quince minutos y se cansó?, todo un récord para usted, lo mismo es que esos muchachos medio idiotas que contrata el dueño no dejaron a su vista las portadas más atractivas, o... ¿buscaba algo más?, ¿una persona tal vez?, digo, a ver , no a alguien , si no a "alguien " a través de un libro, no sé, según su teoría, aquello de...
- Olvídese de mi teoría, ni siquiera es eso, ni sé porqué lo dije, olvídese de todo lo que pude haberle dicho esa vez, y también olvídese de pasar noches de insomnio, por el libro, digo, es francamente malo, la portada engaña, lo atrapa y resulta que es un fiasco.
-¿De verdad cree eso?, -y tocó la tapa dura con los nudillos haciendo un ruido seco - tapa dura, o eso parece, sin embargo lo abre - y abrió lentamente el libro justo en la mitad-, y se le ofrece un universo, justo en frente de sus ojos, para pensar en él, para perderse en él, para desvelarse por él.
Si aquel hombre seguía hablando, el suelo se hundiría bajo mis pies o echaría a correr, pero era más listo, un maestro tomando el pulso a los momentos, o a mí, ya no estaba segura. Con total control de la situación y ahora sí dueño absoluto de su espacio y del mío, dijo con una voz más fría:
-Aunque suelo leer más de un libro a la vez, éste me ha tomado más tiempo del que normalmente me tomaría otro libro, y eso es bastante curioso, mucho. Debe ser que el alma que intenta mostrarme tiene muchos pasadizos-. Comenzó a alejarse de mi y no supe si era yo la que me arrastraba lentamente lejos de él sin levantar los pies siquiera.
-Muchos pasadizos y una sola escencia- dijo y se dejó tragar por el horizonte, mientras yo permanecía inmóvil en una calle que de repente me pareció demasido solitaria, demasiado callada, demasiado ancha...
Y entre el razonamiento y la visceralidad opté por razonar que yendo a casa estaría a salvo del mundo y de los insomnes cuyos aforismos de madrugada les mostraban almas desconocidas y que reconocían en nuestros ojos, que mucho antes de conocernos, ya éramos el universo.
Paula.
Atendiendo a una necesidad , más que a un capricho, volví a buscarlo ese día. Ya no podía parecer normal ni distraída, ni posar la mirada sin ver . Mis ojos iban buscando su figura, mis pasos certeros me guiaban. Supuse que estaría esperándome. Y supuse mal. Debí saber que no sería tan predecible. Nunca lo era, pero eso lo supe después.
Vagué sin sentido , con la carga más pesada que se puede llevar cuando se pierden las expectativas de repente, vestida de frustración , hojeé un libro, cuya portada no me gustó, cuyo autor no me dijo nada y cuyo argumento no me convenció. Volví a mirar la portada y pensé que era de pésimo gusto, eran flores, nunca me gustaron las portadas con flores. Ah, sí, me gustó una, pero era una y era especial, en El nombre de la Rosa, una flor de un rojo indecible y con un laberinto dibujado en medio se abría a los ojos como aquella chica temerosa y salvaje que abría su alma y su cuerpo ante un Adso de Melk incrédulo y embelesado por la belleza en estado puro e indómito y por aquellos placeres sublimes del amor recién descubierto. Esa flor me gustó.
Entonces caí en cuenta, ¿Cuántas veces me habrá observado? , siempre el mismo ritual, mirar la portada, leer el título, el autor, leer el argumento, una vez más la portada y si pasaba la prueba ya era mío. ¿Cuántas veces y desde cuándo estuve yo presente para él, y él no para mí?.
Iba a sucumbir ante la tentación de seguir mirando más y más libros cuando un deseo irreprimible de abandonar aquel lugar me invadió. Y no lo pospuse.
La calle se abría frente a mí, como ofreciéndome muchas direcciones, me detuve un momento, miré mi reloj y comprobé asombrada que sólo habían pasado quince minutos desde mi entrada al lugar, las cavilaciones, y la sensación de frustración parecieron disminuir. Tal vez por pensar que lo mismo un retraso de unos minutos no iba a significar un encuentro fallido con aquel individuo. Un minuto después me dí por vencida y emprendí un retorno sin rumbo definido, el eco de mis pasos cargados de desilusión se interrumpió de repente por una voz cercana....tal vez demasiado.
- Apenas he dormido, ¿sabe?, demasiados Aforismos...de madrugada, intento convencerme de que la loca es ella, pero no estoy seguro, creo que usted tuvo la misma duda cuando lo leyó, ¿Verdad?
De repente sentí como que un hilo muy fino de aire se escapaba de mis pulmones, que nada quedaba ya en ellos, y que aquella voz terminaría por llevarse cualquier resquicio de autocontrol que yo poseyera en ese momento. Por fortuna mis reservas eran amplias.
-!Vaya¡ ,si es usted , ¿también va a seguirme fuera de la librería?.
Maniáticas, eso éramos las mujeres, una panda de maniáticas, que aún cuando ya habíamos sopesado todas las posibles faltas o errores de un encuentro con algún hombre que mínimamente ( otra gran hipocresía) nos atrajera, aún así , con el agua al cuello, echaríamos mano de cualquier recurso manido para parecer controladas y dueñas de la situación.
- Fíjese ni se me había ocurrido encontrármelo por aquí.
En ese momento una paloma despegó del respaldo de un banco cercano, tal vez se iría pensando que su cuota de chistes malos del día estaba más que completa con mi pésima actuación.
-¿Quince minutos y se cansó?, todo un récord para usted, lo mismo es que esos muchachos medio idiotas que contrata el dueño no dejaron a su vista las portadas más atractivas, o... ¿buscaba algo más?, ¿una persona tal vez?, digo, a ver , no a alguien , si no a "alguien " a través de un libro, no sé, según su teoría, aquello de...
- Olvídese de mi teoría, ni siquiera es eso, ni sé porqué lo dije, olvídese de todo lo que pude haberle dicho esa vez, y también olvídese de pasar noches de insomnio, por el libro, digo, es francamente malo, la portada engaña, lo atrapa y resulta que es un fiasco.
-¿De verdad cree eso?, -y tocó la tapa dura con los nudillos haciendo un ruido seco - tapa dura, o eso parece, sin embargo lo abre - y abrió lentamente el libro justo en la mitad-, y se le ofrece un universo, justo en frente de sus ojos, para pensar en él, para perderse en él, para desvelarse por él.
Si aquel hombre seguía hablando, el suelo se hundiría bajo mis pies o echaría a correr, pero era más listo, un maestro tomando el pulso a los momentos, o a mí, ya no estaba segura. Con total control de la situación y ahora sí dueño absoluto de su espacio y del mío, dijo con una voz más fría:
-Aunque suelo leer más de un libro a la vez, éste me ha tomado más tiempo del que normalmente me tomaría otro libro, y eso es bastante curioso, mucho. Debe ser que el alma que intenta mostrarme tiene muchos pasadizos-. Comenzó a alejarse de mi y no supe si era yo la que me arrastraba lentamente lejos de él sin levantar los pies siquiera.
-Muchos pasadizos y una sola escencia- dijo y se dejó tragar por el horizonte, mientras yo permanecía inmóvil en una calle que de repente me pareció demasido solitaria, demasiado callada, demasiado ancha...
Y entre el razonamiento y la visceralidad opté por razonar que yendo a casa estaría a salvo del mundo y de los insomnes cuyos aforismos de madrugada les mostraban almas desconocidas y que reconocían en nuestros ojos, que mucho antes de conocernos, ya éramos el universo.
Paula.
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