Muchas veces no somos conscientes de los pasos que damos o a dónde van a llevarnos. Pero existe una conexión sublime entre razonamiento y visceralidad que nos indica , de forma inequívoca , la mayoría de las veces, que lo que buscamos va a llenarnos plenamente...para bien o para mal.
Atendiendo a una necesidad , más que a un capricho, volví a buscarlo ese día. Ya no podía parecer normal ni distraída, ni posar la mirada sin ver . Mis ojos iban buscando su figura, mis pasos certeros me guiaban. Supuse que estaría esperándome. Y supuse mal. Debí saber que no sería tan predecible. Nunca lo era, pero eso lo supe después.
Vagué sin sentido , con la carga más pesada que se puede llevar cuando se pierden las expectativas de repente, vestida de frustración , hojeé un libro, cuya portada no me gustó, cuyo autor no me dijo nada y cuyo argumento no me convenció. Volví a mirar la portada y pensé que era de pésimo gusto, eran flores, nunca me gustaron las portadas con flores. Ah, sí, me gustó una, pero era una y era especial, en El nombre de la Rosa, una flor de un rojo indecible y con un laberinto dibujado en medio se abría a los ojos como aquella chica temerosa y salvaje que abría su alma y su cuerpo ante un Adso de Melk incrédulo y embelesado por la belleza en estado puro e indómito y por aquellos placeres sublimes del amor recién descubierto. Esa flor me gustó.
Entonces caí en cuenta, ¿Cuántas veces me habrá observado? , siempre el mismo ritual, mirar la portada, leer el título, el autor, leer el argumento, una vez más la portada y si pasaba la prueba ya era mío. ¿Cuántas veces y desde cuándo estuve yo presente para él, y él no para mí?.
Iba a sucumbir ante la tentación de seguir mirando más y más libros cuando un deseo irreprimible de abandonar aquel lugar me invadió. Y no lo pospuse.
La calle se abría frente a mí, como ofreciéndome muchas direcciones, me detuve un momento, miré mi reloj y comprobé asombrada que sólo habían pasado quince minutos desde mi entrada al lugar, las cavilaciones, y la sensación de frustración parecieron disminuir. Tal vez por pensar que lo mismo un retraso de unos minutos no iba a significar un encuentro fallido con aquel individuo. Un minuto después me dí por vencida y emprendí un retorno sin rumbo definido, el eco de mis pasos cargados de desilusión se interrumpió de repente por una voz cercana....tal vez demasiado.
- Apenas he dormido, ¿sabe?, demasiados Aforismos...de madrugada, intento convencerme de que la loca es ella, pero no estoy seguro, creo que usted tuvo la misma duda cuando lo leyó, ¿Verdad?
De repente sentí como que un hilo muy fino de aire se escapaba de mis pulmones, que nada quedaba ya en ellos, y que aquella voz terminaría por llevarse cualquier resquicio de autocontrol que yo poseyera en ese momento. Por fortuna mis reservas eran amplias.
-!Vaya¡ ,si es usted , ¿también va a seguirme fuera de la librería?.
Maniáticas, eso éramos las mujeres, una panda de maniáticas, que aún cuando ya habíamos sopesado todas las posibles faltas o errores de un encuentro con algún hombre que mínimamente ( otra gran hipocresía) nos atrajera, aún así , con el agua al cuello, echaríamos mano de cualquier recurso manido para parecer controladas y dueñas de la situación.
- Fíjese ni se me había ocurrido encontrármelo por aquí.
En ese momento una paloma despegó del respaldo de un banco cercano, tal vez se iría pensando que su cuota de chistes malos del día estaba más que completa con mi pésima actuación.
-¿Quince minutos y se cansó?, todo un récord para usted, lo mismo es que esos muchachos medio idiotas que contrata el dueño no dejaron a su vista las portadas más atractivas, o... ¿buscaba algo más?, ¿una persona tal vez?, digo, a ver , no a alguien , si no a "alguien " a través de un libro, no sé, según su teoría, aquello de...
- Olvídese de mi teoría, ni siquiera es eso, ni sé porqué lo dije, olvídese de todo lo que pude haberle dicho esa vez, y también olvídese de pasar noches de insomnio, por el libro, digo, es francamente malo, la portada engaña, lo atrapa y resulta que es un fiasco.
-¿De verdad cree eso?, -y tocó la tapa dura con los nudillos haciendo un ruido seco - tapa dura, o eso parece, sin embargo lo abre - y abrió lentamente el libro justo en la mitad-, y se le ofrece un universo, justo en frente de sus ojos, para pensar en él, para perderse en él, para desvelarse por él.
Si aquel hombre seguía hablando, el suelo se hundiría bajo mis pies o echaría a correr, pero era más listo, un maestro tomando el pulso a los momentos, o a mí, ya no estaba segura. Con total control de la situación y ahora sí dueño absoluto de su espacio y del mío, dijo con una voz más fría:
-Aunque suelo leer más de un libro a la vez, éste me ha tomado más tiempo del que normalmente me tomaría otro libro, y eso es bastante curioso, mucho. Debe ser que el alma que intenta mostrarme tiene muchos pasadizos-. Comenzó a alejarse de mi y no supe si era yo la que me arrastraba lentamente lejos de él sin levantar los pies siquiera.
-Muchos pasadizos y una sola escencia- dijo y se dejó tragar por el horizonte, mientras yo permanecía inmóvil en una calle que de repente me pareció demasido solitaria, demasiado callada, demasiado ancha...
Y entre el razonamiento y la visceralidad opté por razonar que yendo a casa estaría a salvo del mundo y de los insomnes cuyos aforismos de madrugada les mostraban almas desconocidas y que reconocían en nuestros ojos, que mucho antes de conocernos, ya éramos el universo.
Paula.
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