martes, mayo 24, 2005

Historias del Tukuko

Había escuchado demasiadas veces esos regaños, me eran familiares los reproches y las miradas de desaprobación, se hacían interminables las comparaciones y las amenazas de no dejarme ver más el sol..... Ignoraban que el sol, lo llevaba yo por dentro.
Debieron creer que me iba sumida en la tristeza, que me desgarraba el alma estar lejos por tantos días, lo cierto fué, que cuando ese autobús partió con su carga de rebeldes, yo incluida, no pude evitar esbozar una sonrisa de alegría, vaya castigo que me imponen, -pensé-. Me situé entre las rebeldes, había unas que me miraban de reojo, pensarían, la rarita, esa que lee a Charlotte Brönte y tiene un walkman con una cinta de Megadeth, ufff menuda tipita para digerir. Yo?, Inmutable, a los 14 años me sentía de 20, y más de una vez las dejaba anonadadas con alguna charla trivial que convertía en una disertación interminable cuando agotaba los argumentos de ellas y afianzaba los míos.

(bostezaba )

-Bueno me voy a leer.

La monja que nos acompañaba no podía disimular lo mucho que le alegraba que estuviera allí, era buena persona, demasiado vivaz para ser monja, de vez en cuando se sentaba a mi lado y cada vez que podía me decía lo muy inteligente que le parecía, me contaba de su vida, me hablaba de sus experiencias, llevaba puesto un hábito en el cuerpo, pero no en el corazón, más de una vez le dije:

- Tú para mi no eres monja un carajo. - Se reía- . Y qué cosas, las del destino; 10 años después me enteré de que ya no era monja, se casó, tiene hijos y aún me aprecia. ¿Tengo olfato no?

Llegamos al lugar, el del castigo, El Tukuko, un poblado ubicado al noroeste de Maracaibo, de habitantes indígenas, Yukpas en su mayoría, que vivían en caceríos , cerca de los ríos que colindan con Colombia, tierra de Guerrilla nos habían advertido, y lo comprobaríamos después. Creo que me hubiera quedado para siempre en ese lugar, ¿realmente pensarían que me sentía castigada? JA!

Cuando descendí del autobús, levanté mi vista y aspiré ese aire, buff , me arropó el verdor de la Sierra , los olores desconocidos hasta ahora, se hicieron familiares, los sonidos de la selva, los árboles inmensos, los turpiales, los alcarabanes, loros, monos.... monos?, siiii eran monos , monos tití, colgaban de algunos árboles, preciosas orquídeas enredadas en los troncos, todo de una exhuberancia tal que me dejaba sin palabras, cuando pude cerrar la boca , anonadada por todo aquello, ya venían dos monjas de uniforme familiar, demasiado familiar, a darnos la “bienvenida”. Pasamos una a una, en fila india, y pude sentir como el filo de una navaja la mirada de aquellas dos.

Seguro pensando, llegaron las perdidas, las que no tienen remedio, las rebeldes, lo peorcito del Pilar. Una chica con la que empezaba yo a simpatizar, me susurró:

- Espero que no revisen los bolsos traje cigarrillos para un mes, si quieres, me dices... –
- No, gracias, yo no fumo - le respondí- . Hasta ahí llegó la simpatía , me miró como a un bicho raro y dejó de sonreír. Para su alivio no revisaron nada, lo que ellas esperaban decomisar no iba en los equipajes, iba dentro de cada una, en el corazón, a su modo de ver éramos malas, locas, desadaptadas y nos iban a redimir con sus misas dos veces al día, los rezos y las charlas acerca de la correcta conducta de unas señoritas de familia bien.

Me asignaron una habitación, nada mal para mi gusto, con una compañera del quinto año, yo era del tercero, la tipa al principio no me dirigía la palabra, ya después fuimos abriéndonos, poco a poco, hasta que terminamos contándonos media vida. Cuando regresamos al colegio, nunca más me habló.....no entiendo a la gente así, ni la entenderé. Por las noches, me aburría tremendamente, hasta que inventé una reunión donde sólo venían las más anárquicas, saqué de mi maleta unos enlatados, unas galletas de soda, y unas mermeladas, que mi madre había puesto para aliviarse “ella” parte de la culpa por enviarme ahí. Hice una especie de Buffet y llené el cuarto de risas contando chistes, y vivencias, la más desadaptada de todas?, pues Mildred, la monja, que ya no lo es, iba de primera, esperaba que se fueran a dormir las otras y se escabullía a mi habitación, le quitábamos el hábito y me lo ponía yo, la que fumaba repartía cigarros y una que no sé como lo hizo , sacó unas botellitas de cacique en miniatura y preparó en vasos plásticos una especie de cubata ligado con canelita que olía a demonio... Créanme la monja también tomó...... y no dijo amén.

Había que ponerle nombre a aquellas reuniones clandestinas, donde la monja perdía los votos y nosotras la vergüenza, decidí bautizar esos encuentros como Festival Gastrocómico, por las opíparas comilonas, que contaban con la generosa contribución de otras freakies, que llevaban más comida y enlatados, una que metía licor, la monja que cantaba y nos hacía reír, y la que estaba empeñada en causarle un enfisema al resto por que no era capaz de apagar el cigarrillo. ¿Yo?, Pues castigada, muy compungida, ¿lo normal no?

Paula

No hay comentarios: