sábado, mayo 21, 2005

La manía de creerse distinta

Sesiones van , sesiones vienen, y cada vez somos las mismas, habrá alguna que otra añadida que no se une a la tertulia porque ya somos demasiadas neuróticas despellejándo a madres, esposos, padres , hermanos, novios y ciber rollos, porque ahora esta modalidad también está sobre el tapete y se extiende.

Lo cierto es que largando de lo lindo, en aquella sala de espera acogedora y con cocina anexa, cada una intenta decir en voz alta lo distinta que se es de las demás.

-No pero es que lo mío no tiene nombre, si tu pasaras por ésto te pegas un tiro....

Y por ahí más o menos nos decantamos todas.

- Chama, ¿Y tú por qué vienes?, no sé , me pareces tan chévere , no parece que tuvieras peos , en serio. ¿ En serio?, pues vaya plan, si cada vez que me acuesto en ese diván la Uruguaya se da un gustazo exprimiéndome el inconsciente...

- Yo vine porque me cansé de los brujos , mijita- Dice otra con menos vergüenza y más pinta de loca que las demás.

Otra encantada de la vida dice que ya no tiene nada pero que la terapeuta es tan buena que fumarse un cigarrito con ella es lo mejor que hace los sábados aunque le cueste 25.000 lucas.... ¿ Y la loca era yo?.

- A mi es que me salvó de la cárcel, porque yo estaba convencida de matar a ese coño de madre- el marido supongo- ahora tomo clases de Feng Shui, leo a Osho y además estoy divina y feliz desde que me dijo que yo era una histérica fálica, ¿ suena arrechísimo verdad?....

Lo cierto es que mientras les preparo el café y ojeo el libro de rigor que siempre compro los sábados , me doy cuenta de que peos más , peos menos, todas tenemos algo parecido, la necesidad de ser escuchadas por alguien que nos ponga los disparates en su sitio, que aunque nos encasille en qué se yo que patología , neurosis, psicosis o lo que carajo tengamos, nos escuche, se ría, comente, haga pausas, nos confronte con nuestro Yo interno, nos desnude por dentro y nos diga en qué pensar.

Mis sábados no son lo mismo desde hace un tiempo, ya hasta me hace falta , tanto la terapia como el tener que verme inmersa entre un número de mujeres hormonalmente funcionantes que hacen que me dé cuenta de que mi ombligo no es el único, por muy bonito que sea.

Paula.

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